El día que la Cabalgata anunciaba el comienzo de la pasada Feria hacía un frío propio de día de Difuntos, y este noviembre se abre con unas calores maleducadas que ignoran el calendario que marca el ir y venir de las estaciones. Por mucho que nos hacen creer que ya estaba aquí el otoño con sus mañanas frescas, sus lluvias primeras, sus mesas camilla, sus sueños de franela, nada se hace presente indicativo de que algo de eso vaya a ocurrir. Ni el fin de la feria, ni la llegada de octubre, ni el cambio de hora, nada prevé que el otoño vaya a dar pronto la cara y, mucho menos que el invierno salga de su reclusión cuartelera.
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Última actualización el Martes, 20 de Octubre de 2009 17:49
Relataba en un librito José María Pemán que un Obispo fue invitado a comer en casa “principalita” de un pueblo, y el primer plato consistía en una sopa de picadillo nutrida con jamoncito, huevo duro, trocitos de pan frito, su yerbabuena, en fin. Los señores advirtieron con antelación a la criada que iba a servir la mesa que se abstuviera de pronunciar palabra alguna, tú no hables, tú sirve, no se te vaya a ocurrir hablar para nada; le enseñaron la manera como debía acercarse al invitado, llevar la sopera por su lado derecho, mantenerla mientras se apartara a su gusto…; así debieron pensar que debía ocurrir. Cuando alcanzó al Obispo y éste se hizo con el cazo, comenzó a coger solamente de la parte superior y la criada, sufriendo de observar que no se echaba los tropezones con que estaba tan costeado el consomé, no pudo callarse y remachó: “Ajonde su Divina Majestad, que en el culo está lo bueno”.
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