Martes, 07 Febrero, 2012
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EL DUQUE DE MONTPENSIER

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Si el Duque de Montpensier, hijo del rey francés Luís Felipe que tiene nombre de brandy de la bodega Rubio y antes de la de Morales, se hubiera exiliado a Inglaterra después de salir por piernas de Tullerías en la Revolución de 1848 y no a España porque se casó con la infanta Maria Luisa de Borbón, hermana de Isabel II, seguro que ya hubiera habido un Robert Graves que le habría hecho una novela o una BBC que le habría dedicado un documental, ¿verdad que no me equivoco Antonio Burgos?

O sea que a don Antonio María de Orleáns y Borbón-Sicilia le ha faltado que alguien le escribiera una novela para ser un perfecto romántico aunque, yo digo, que en su vida le sobró romanticismo. Porque el del ilustre linaje representó la máxima expresión de la corriente estilística del tardoromanticismo decimonónico. No le faltó al hombre ni un perejil en sus formas y atavíos, coupe dorsay para los viajes, calesa para los paseos, landó para ver las procesiones, sombrero de copa, levita, chalequillo de tisú y todo por ahí.

Un buen romántico hace lo que hizo Montpensier, es decir, vivir en un palacio como el de San Telmo y crear en Sevilla una Corte Chica en aquel lugar solariego que fuera escuela de mareantes. Y morir cerca de Doñana, en un camastro de la casilla del guardacoto de Torre-Breva junto a su ayudante Lerdo de Tejada después de una cacería de perdices, si no hubiera ocurrido su muerte por apoplejía cerebral a buen seguro se habría suicidado, como hizo Larra, por alguna historia de amor desde luego.

Le echaron la culpa de lo de Prim. En la calle del turco mataron a Prim decía la copla que el pueblo le acuñó al hecho luctuoso. Nunca se llegó a demostrar pero esto lo aprovecharon en su contra aquellos que no lo podían ver ni en pintura. Como el de noble cuna no estaba en la terna preferencial para ser Rey presentada por el jefe del gobierno y todas las papeletas las tenía su valido Amadeo de Saboya, las malas lenguas le atribuyeron la autoría conspiradora del fatal desenlace en la calle del turco cuando el general de Reus se dirigía a su residencia del palacio de Buenavista.

Puso de moda las carreras de caballos en la playa de Sanlucar donde transcurrían felices sus retiros estivales en aquel palacio de trazas orientales que hoy es el Ayuntamiento de esta ciudad. Pero el personaje en estado puro nos aparece cuando sus trapicheos con la venta de las naranjas del jardín del palacio de San Telmo que lo hacía, además, de una forma justipreciada y rácana, hecho que hizo que los sevillanos lo conocieran, según Carlos Ros, con el mote de Antonio el naranjero. Por cierto, que más tarde, estos jardines fueron donados a la ciudad por su mujer la infanta María Luisa y con el toque romántico que sobre él impregnó el ingeniero francés Forestier lo convirtió en el parque más importante de Sevilla.

A un inquieto romántico no le puede faltar su duelo, y el duque lo tuvo. En un amanecer de marzo se llevó al campo del honor a su contendiente Enrique de Borbón. El duelo suponía el pedido de satisfacción que Montpensier le daba a la injuria de su contrincante, clave en la forja de la carrera política a la que aspiraba, un ritual de impronta aristocrática en el que se apelaba al desafío distinguido por el ritual. Fue en la dehesa de los Carabancheles, cerca del ex portazgo de Alcorcón, cuando los contendientes y los padrinos entendieron que el honor exigía una reparación. El lance se produjo a pistolas nuevas de casa Hormaechea de la calle Alcalá y se acabo después de un tercer tiro con Enrique de Borbón en el suelo tras un disparo en la cabeza. El inquilino de San Telmo había ganado la batida, pero a este hombre culto que poseía una ambición desmesurada por cubrir su testa con una corona, se le vino abajo el chiringuito. Ya nada fue igual. Se desvanecerían para siempre todas las intrigas que este complejo personaje había metido en la monarquía. Adiós a las posibilidades de reinar de quién hizo lo imposible por ocupar el trono de San Fernando.

Al duque de Montpensier lo veo yo cada Viernes santo delante del palio de la Carretería por la calle Toneleros. No sé si lo veo o a mi me lo parece. Creo que es posible que sea hasta un sueño, un sueño de hojarasca y azul terciopelo, de roleos y hojas de acanto, de tarde plomiza y marcha de Antonio Pantión. Sí, creo que es ese sueño de los que se despiertan a Sevilla en cada Semana Santa, donde yo no dejo esa tarde de ver a Montpensier delante del palio de Las Tres Necesidades. No dejo de contemplar presidiendo la cofradía la hierática figura del hijo del rey Luís Felipe, que tiene nombre y todo de brandy añejo de la bodega Rubio y antes de la de Morales.

 

 

Manuel García Félix

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EL DUQUE DE MONTPENSIER
Mar 12 2010 00:27:59
** Este tema discute el artículo: EL DUQUE DE MONTPENSIER **

Y,...digo yo, ¿no será que el brandy tiene nombre de rey? como se asegura en la leyenda...., que es justo lo contrario de lo que a modo de curiosidad se expresa al inicio y final del texto (reiteración . Creo que un poco de documentación podría aclarar si fue antes el huevo (el nombre del rey) o la gallina (el brandy). O dicho de otra forma, por si despistan las formas. Que el brandy (el huevo) tome el nombre del rey (la gallina). O es una forma de hipérbaton que no acabo de captar....
salud y vinos...
#939

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