Desde mi calle de los Calvo
MISCELÁNEA DIECIOCHESCAMISCELÁNEA DIECIOCHESCA
Aquel primero de febrero de 1758 el ilustrado turolense, nacido en Alcañiz, Francisco Mariano Nifo y Cagigal, considerado como el primer periodista español, se sentía muy satisfecho y tenía suficientes motivos para ello.Ese mismo día iniciaba su andadura el “Diario noticioso, curioso, erudito y comercial…”, autorizado por S.M. Fernando VI, del que Nifo era fundador y editor. Como indicaba su nombre, “Diario”, fue el primero de esa naturaleza en España y el segundo de Europa, sólo precedido por el londinense “Daily Courant” (1702) y muy anterior al “Journal de Paris” (1777).
Sin embargo no debía estar el bueno de D. Fernando VI en muy buena disposición anímica para estos y otros asuntos periodísticos, culturales, económicos o reformistas. Su amada y poco agraciada esposa, aborrecida por los españoles, la portuguesa Bárbara de Braganza, falleció allá por el mes de agosto dejando a su pobre marido, a la sazón recluido en el castillo de Villaviciosa de Odón, con la razón totalmente perdida, sin querer comer, ni lavarse, ni siquiera atender a los más perentorios asuntos de Estado. Poco le sobrevivió el sexto de los Fernando, pues falleció el año siguiente, 1759 del Señor. Por cierto que los españoles, que nunca habían querido a la reina, dieron rienda suelta a la sátira más burlesca que imaginarse pueda al enterarse de que Dª Bárbara dejaba sus cuantiosos caudales, acumulados en España, al querido hermano portugués. Vaya una muestra de la despiadada sátira popular y anónima:
“Una reina portuguesa,
según varias opiniones,
a España deja la mierda
y a Portugal los doblones”.
“Bárbaramente comió,
bárbaramente cagó,
bárbaramente murió,
bárbaramente testó”.
“La estéril reina murió
sólo preciosa en metales;
España engendró caudales
para la que no engendró…”,
pues, como es sabido, Dª Bárbara y D. Fernando fallecieron sin haber tenido hijos, por lo que la corona española fue heredada por D. Carlos, hermano de Fernando VI, en aquel entonces rey de Nápoles, el cual reinaría con el nombre de Carlos III.
En 1759 hacía solamente cuatro años del terremoto de Lisboa -1755- que había destruido el templo mudéjar de LA PALMA, concretamente el 1º de noviembre de dicho año, sobre las nueve y cuarto de la mañana. De esta época data la popular “coplilla”, oída a nuestros mayores que, más o menos, dice así:
“En el año del cincuenta y cinco
estando el pueblo en Misa Mayor,
se cayeron los cuatro campanas:
Bárbara, María, Luisa y Reloj”,
de esta sencilla manera, el que esto suscribe, conoció desde muy niño el número y el nombre de aquellas campanas de la primitiva Iglesia parroquial palmerina. El Cabildo acordó acudir al mismo rey. A tal respecto las actas capitulares hablan claramente: “…para que se conduela de tanta necesidad, y en esta atención se digne aliviar a dichos vezinos por los medios que tenga por conveniente, para que así puedan reedificar la referida parroquia, pues a ninguno otro pueblo le hace más falta, ni le es más sensible, por cuanto ni ai ninguna otra parroquia, ayuda, ni convento más que lo referido, y asimismo componer las casas y edificios…”. Y continúa: “…se remita a dicho monarca para su mejor logro por mano del señor Dn. Joseph Manuel Domínguez Vizente, del Consejo de SM en el de Hacienda, para que como hijo natural de esta villa fomente y acelera con su patrosinio dicha pretensión…”.
Sería en el siguiente reinado del citado Carlos III -1759/1788-, cuando un cinco de septiembre de 1768 se inauguraría el nuevo templo parroquial dentro de un extraordinario fasto organizativo con manifestaciones del incipiente espíritu ilustrado al que ya hemos hecho referencia en anteriores colaboraciones. En la sociedad española se iba introduciendo el hábito de las tertulias, tanto literarias –la célebre de la madrileña fonda de San Sebastián-, como en casas particulares aristocráticas, donde se conversaba, se bailaba y cantaba, se hacían representaciones teatrales, y se consumía café, té o chocolate. Los más novedoso era la costumbre del cortejo: un caballero se dedicaba expresamente a una dama a la que acompañaba asiduamente, obsequiaba con frecuencia, todo ello sin una finalidad forzosamente matrimonial, aunque sí con una fuerte carga erótica. La prensa de la época, en su vertiente de crítica social, se refería satíricamente a dichas prácticas sociales de bailes frívolos, cortejos galantes, ociosidad nobiliaria, transmisiones hereditarias, mayorazgos etc. Entre los periódicos más críticos destacaremos “El Pensador” y “El Duende Especulativo” de José Clavijo Fajardo, funcionario que fue director del Teatro de los Reales Sitios, y el más radical de todos, “El Censor”, de Luis García del Cañuelo.
La sociedad palmerina no fue ajena a este “modus vivendi”. En anteriores ocasiones me he referido a esta moda practicada en el seno de las más encopetadas familias, en sus casonas, en el Palacio del Señorío, donde se platicaba de lo humano y de lo divino, prueba de la introducción de las “ideas del siglo” en una sociedad tan tradicional como la de La Palma.
Hora es ya en este contexto dieciochesco de que comencemos a ocuparnos de algunas de estas familias. Muchos palmerinos han oído hablar de la famosa calle de los Calvo que comprendía la que ahora es la calle Príncipe de Asturias, más la actual Cardenal Segura, o sea, desde la esquina con la antigua Pl. de Abastos, hasta la Placita del Rocío. Ese fue el nombre de dicha calle durante el siglo XVIII y el XIX, como lo demuestran los documentos municipales y queda reflejado en el plano de LA PALMA correspondiente al Atlas de Coello de 1869, denominación que fue conservada durante los primeros años del siglo XX. En la citada calle de los Calvo, tramo de Cardenal Segura existía la llamada Callejuela de la Carnicería, posiblemente las Corralejas y en el de Príncipe de Asturias, estaba la Casa de la familia Calvo, casi con toda seguridad en el solar que ahora ocupa la vivienda de la familia Gordillo. Este apellido se registra en La Palma desde principios del XVII. Destacaremos a Manuel Calvo Domonte, natural de esta villa, quien en 1610 contrajo matrimonio con la villalbera Petronila de Encalada. Uno de los hijos de este matrimonio, Diego Calvo de Encalada, marchó a Chile y en 1728 le fue concedido el título de Marqués de Villapalma de Encalada, por Real Cédula de Felipe V de 16 de Agosto de 1728. Nace así un título nobiliario con claras relaciones con el nombre de nuestro pueblo. ¿Qué ha ocurrido con él?, ¿existe?, ¿quién es el actual titular del mismo…? Intentaremos dar respuesta a ello en una próxima colaboración, que seguirá recogiendo trozos del trabajo de investigación que intento llevar a cabo y que espero, D.m. ver publicado en un futuro próximo. VALE.
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| Nila Alonso | MISCELÁNEA DIECIOCHESCA Jul 04 2010 07:23:58 ** This thread discusses the content article: MISCELÁNEA DIECIOCHESCA ** Me encantaria saber más de esa investigación,¿quien será ese Marques de Villapalma de Encalada?, espero que el resultado nos los de a conocer muy pronto y muchos animos en ese precioso trabajo. Saludos | #1172 |
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