Martes, 07 Febrero, 2012
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CALLE DE LOS CALVO

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Calle de los Calvo, uno de los rincones más emblemáticos de este pueblo nuestro, “paisaje animado” por tantos personajes ilustres que llegaron a marcar su impronta en el espacio, el tiempo y la cultura palmerinos. Larga arteria local, desde la confluencia con la antigua “Pescadería”, hasta el límite con la Plaza del Rocío, es decir, comprendía dos céntricas vías llamadas ahora Príncipe de Asturias y Cardenal Segura. Y así fue hasta la primera quincena del siglo XX en que sería llamada Reina Victoria. Uno, en su niñez y juventud, la conoció como Queipo de Llano, nombre acertadamente sustituido por el del título del heredero de la Corona. Conocida también popularmente como calle de los Almacenes, tal como, acertadamente, indicó un amable comunicante, al que agradecimos su valiosa aportación, aunque dicho apelativo nunca fue oficial. Lugar de viviendas pertenecientes al estamento nobiliario de la villa palmerina allá por la centuria del XVIII, o a importantes propietarios cuyas casas lindaban por medio de corrales, muros laterales o antañones bodegones familiares. Perpendicular a ella se hallaba el llamado “callejón de la Carnicería”, pero, ante todo, aquí estaba la casa solariega de la familia que le dio nombre durante varios siglos, los Calvo.

 De ellos me ocuparé en un futuro siempre incierto, cuando consiga poner fin al trabajo de investigación que dura ya varios años, además de otros acontecimientos dieciochescos acaecidos en La Palma; de personajes destacados, de circunstancias locales en aquella ilustrada centuria…

 Por ahora vamos acercarnos más en el tiempo, finales del siglo XIX, principios del XX, a dos importantes personajes que habitaron en esta calle, llamada aún de los Calvo. De uno voy a decir su nombre, el otro prefiero omitirlo, no por nada, sólo con la intención de fomentar la interactividad comunicativa, uno de los objetivos esenciales de estas páginas. Se llamaba Juan García Pichardo, antepasado de un servidor, concretamente  tío carnal de mi abuela materna, o sea,  tío bisabuelo del firmante de estas líneas. Era médico de profesión y vocación, y político liberal por inclinación al servicio público. Fue Alcalde de La Palma y Presidente de la Diputación Provincial, bajo cuyo mandato, allá por el año 1913, se rotuló con el nombre de Manuel Siurot la antigua Calle de las Huertas, hoy Carlos M. Morales, mucho antes de que lo fuera la Calle Sevilla. Debo decir que el máximo conocedor de esta figura palmerina es mi amigo Manuel García Félix, gracias a un excelente trabajo universitario por el realizado. Pues bien, de este ya remoto antepasado, fallecido a principios de los años treinta de la pasada centuria, oí contar en mi infancia ciertas anécdotas que podríamos incluir en un apartado titulado “De La Palma insólita…”. Resulta que el genio de algunas personas de la época –poco cultivadas a la sazón-, era bastante vivo y solía salir a relucir en determinados ambientes, cuales eran los de las tabernas principales ubicadas, muchas de ellas, en la zona de la “pescadería”. Por menos que canta una gallo,  los ánimos, calientes a causa de  los efluvios del vinillo de la tierra, se exaltaban, las facas y navajas salían a relucir, “gallardamente” desenvainadas por los ebrios adalides, por lo visto defensores de opuestas “causas justísimas”, y las orondas barrigas de algunos de dichos parroquianos eran perforadas por el acero de aquellas terribles armas. Los caídos en la batalla eran transportados a casa del médico quien se veía obligado a coser y recoser los maltrechos abdominales de los “valientes” guerreros. Me contaba mi abuela que era para ver, o más bien para oír, los aullidos de los enfermos, mientras el bueno de D. Juan exclamaba, al tiempo que recosía: “¡Mulo, jodío mulo!, ¡que no te vuelva a ver más por aquí”! Bien, basta con este breve relato, a manera de anécdota. Ni qué decir tiene que D. Juan García Pichardo fue un excelente profesional, que realizó muy buenos servicios médicos, incluidas delicadas operaciones que, por aquel entonces, dichos profesionales se veían obligados a realizar en sus consultorios particulares.

 Del segundo personaje, voy a omitir su nombre a ver si alguien logra averiguarlo y podemos comentarlo en el foro. Como he adelantado, también habitaba en esta calle de los Calvo. Vivió una juventud de niño rico, fue aficionado a la literatura y pasó los últimos años de su vida arruinado y a cargo de su hermana. De él se cuenta una famosísima anécdota. En una de sus innumerables juergas, posiblemente la última que realizó, los intervinientes en la misma, gente con dinero en el bolsillo, se fueron alejando de la localidad y , hasta tal punto llegó dicha locura juvenil, que la sin par orgía acabó en Cuba, y allí permaneció nuestro amigo hasta que se le acabó el dinero y tuvieron que costearle el regreso a La Palma. ¡Y luego hablan algunos y presumen de juergas….!

 

JOSÉ Mª DABRIO PÉREZ

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dispar_
CALLE DE LOS CALVO
May 21 2010 00:37:03
** This thread discusses the content article: CALLE DE LOS CALVO **

Gracias Don José Maria por sus bonitos y documentados relatos y su trabajo de investigación, espero leerle pronto sobre los calvos.
un saludo
#1121

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