Desde mi calle de los Calvo
PAISAJES ANIMADOS; EL ALTOZANOPAISAJES ANIMADOS; EL ALTOZANO
“Autoridades” dice que altozano es “un monte de poca altura o sitio más alto y ventilado de ciertas poblaciones”. No nos queda más remedio que aceptar la definición dada por tan docta institución académica si bien, nuestra Plaza del Altozano, no se encuentra sobre monte de poca o ninguna altura, por lo que debemos inclinarnos hacia la segunda acepción que nos habla de “sitio ventilado”. Así podemos comprobarlo en el Plano de La Palma del Atlas de Coello, correspondiente a 1869.
Con el presente titulo de Paisajes Animados me gustaría continuar una serie de capítulos, páginas abiertas del “libro” de La Palma, lugares llenos de vida, animados por ilusiones, gozos y sombras de generaciones de palmerinos que tantas veces cruzaron, pasaron o simplemente charlaron en aquella entrañable “altura” artificial, fabricada por la creatividad urbanística de nuestros antepasados.
Procuraremos situar cada paisaje en la década de los cincuenta-sesenta del pasado siglo XX, época de prietas filas e impasibles ademanes, muy presentes, quieras que no, en los afanes diarios de aquella sacrificada generación de palmerinos. Es evidente que la chiquillería no entendía de tamañas sutilezas, ni alcanzaba a escuchar el eco de las pisadas o de las voces de personalidades tan encopetadas como los del Barco, los Alcázar y Castañeda o los Díaz y Castañeda, vecinos en ocasiones pretéritas de este altozano, objeto de máximo interés por parte de la infancia carente de canchas, polideportivos o simples pistas donde dar patadas a un balón, más bien a una humilde pelota de goma e, incluso, de trapo. Si no hay “na” que dé más “cornás” que el hambre, en opinión de un famoso torero, tampoco hay nada que excite más la imaginación que la escasez de sofisticados juguetes. Por ello la recoleta Plaza del Altozano se convertía, lo mismo en improvisado campo de fútbol, que en lugar ideal para otros emocionantes juegos cuales la bilarda, las bolas, el borriquillo manso, el cate y cuarta y tantos y tantos otros, favorecidos, paradójicamente, por una estructura absolutamente inadecuada para cualquier deporte, ¡qué se la iba a hacer!, aunque sí para hacer hoyuelos –aspírese la h- en donde colar aquellas valiosísimas bolas, “borlones” o “liritas” –según la jerga infantil-, capitales inapreciables, cuyo número, calidad y habilidad del jugador marcaban diferencias e indicaban categorías en el seno de esa cerrada sociedad infantil, fuertemente jerarquizada, cuyo líder era, invariablemente, el más rápido, el más alto, el más fuerte. Citius, altius, fortius, es decir, nada nuevo bajo el sol.
Paisajes con alma, que surgen sin cesar, entre trabajos, quehaceres y personajes. Lugares con vida propia, animados por el espíritu que moviliza y vivifica, ilusiona y conforta.
La Plaza del Altozano era y es un espacio pequeño, íntimo; perdido en el tiempo, solitario a veces, bullicioso con frecuencia, pleno de gritos de niños y preadolescentes. Al Altozano, a pesar de su céntrica ubicación, había que ir, como descubriéndolo, porque, si no, ¿hacia dónde encaminar los juegos que requerían cierta “especialidad”?
José “el serenito”, fabricante carpintero, era un asiduo por aquellos lares. El Diezmo palmerino se había convertido en carpintería a cuya puerta se amontonaban troncos enormes , mientras en su interior, trabajaban competentes profesionales entre el agradable olor a madera y el ruido de sierras y otros ingenios pertinentes. Los niños, al pasar por la puerta, nos parábamos a contemplar dichas actividades y entrábamos a pedir tiras de madera con que construir fabulosas espadas, absolutamente necesarias para “el día de la lucha”, frase repetida por “jefes” de algunas pandillas que, de cuando en cuando, se enzarzaban –nos enzarzábamos- en terribles combates.
En el mismo recinto del Altozano, al lado de lo que, andando el tiempo, sería El Lagar, mesón y lugar de divertimiento posterior, de juventud más madura, se hallaba la humilde carpintería del “Bailaó”. Su proximidad a la placita constituyó siempre una fuente inagotable de contratiempos: roturas de cristales golpeados por la violencia de un pelotazo, la dicha pelota que se colaba en el local perturbando la honrada labor artesanal…En ciertas ocasiones aparecían los municipales, rápidamente avistados por los niños. Recuerdo una en particular en que asomaron tres agentes, uno por cada calle adyacente. La desbandada fue general, “sálvese quien pueda”, procurando cada uno sortear los brazos extendidos de los esforzados policías locales, al mismo tiempo que nos pasábamos la pelota, para evitar fuera incautada, ya que eso sí que hubiera sido un gran desastre. En una de aquellas vueltas y revueltas, al más temido de los polis, el bajito García, se la cayó la gorra, ágilmente agarrada por los chicos, tocado que, cual platillo volante, cruzaba la estrecha calle Obispo Andrés del Barco, hábilmente lanzada de mano en mano. La denuncia no se hizo esperar, seguida de la multa correspondiente pagada por nuestros padres, de quienes, previamente, recibimos la natural y justa reprimenda. También el Alcalde tuvo que oír alguna sugerencia sobre lo conveniente que sería habilitar algún sitio adecuado para la práctica deportiva. Quimera, sin duda, en aquellos tiempos de penurias económicas.
El Altozano, por tanto, era y es completo. No le falta a dicha plaza ni su convento ubicado en la casa solariega que fue de Dª Manuela Díaz Castañeda, a quien se debe la llegada a La Palma de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, hijas de Santa Joaquina de Vedruna, la “beata Joaquina” de cuando éramos alumnos de ese colegio en donde recibimos las primera letras y tomamos la Primera Comunión en su capilla conventual por la que parece no haber pasado el tiempo. ¡Ah!, no se puede olvidar al bueno de D. José, el dignísimo coadjutor y capellán de las monjas, allí residente. Ni a otros chiquillos como Víctor Vázquez Espinosa, habitante de la gran casona, hoy bloque de pisos y almacén de tejidos; ni a “Riverita”, el avispado hijo del Juez de Instrucción, Sr Rivera….
Si hay o hubo en La Palma un paisaje animado, no cabe duda, que fue la sin par Plaza del Altozano.
JOSÉ Mª DABRIO PÉREZ
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PAISAJES ANIMADOS; EL ALTOZANO Apr 17 2010 11:33:17 ** Este tema discute el artículo: PAISAJES ANIMADOS; EL ALTOZANO ** Altozano es un monte de poca altura en terreno bajo, según el diccionario. En monte no esta nuestra emblemática plaza del Altozano, si un poco alta y consideremos que si en terreno llano y bajo. Me trae este sitio recuerdos memorables, como tú dices José María, en este magnifico texto escrito con cariño y recordando tu niñez…. Es en mi niñez también cuando acudía yo por entonces por estos barrios y concretamente a las clases particulares después de la escuela a casa de Manuel el Mariscal, enfrente del Diezmo. Sitio entrañable de los niños de mi época al que se iba a reforzar las clases de la escuela o aprender mecanografía en aquellas viejas maquinas de escribir Olivetter…. Entrabas en aquella casa y al atravesar el patio te encontrabas con aquella sala llena de niños y también con algunos de ballicher. Solo se escuchaba el ruido de las maquinas de escribir, después todos estaban metidos en su tarea que mandaba Don Manuel nada más llegar. A la salida nuestra parada indudablemente era aquella placita del Altozano que majestuosa se alzaba para todos aquellos que salían de las clases para jugar, para charlar con ese amigo/a que iba o venia al mismo sitio del que tu venias. Más tarde con los años, en mi juventud fue el sitio acordado para quedar con los amigos/as de entonces, en la placita no cabía un alfiler, todos a la espera de que llegaran todos para ir al Cejupa (Centro juvenil palmerino), o que abriera el Lagar allí mismo en aquel lugar. Ahora es mi sitio de paso cuando voy a llevar a mi hija a clases de piano al Diezmo y al pasar veo lo olvidada que hemos dejado nuestra placita del Altozano……………… Ningún niño como antes y menos aun ningún joven . Nuestra generación fue más sana y supimos obtener el jugo de aquellos sitios, como el mosto se obtenía de aquel viejo Lagar del Altozano, antes de que Fernando lo abriera para negocio de copas. La generaciones de ahora no quieren plazas, ni placitas como lugar de esparcimiento, son más de ordenadores y consolas…………¿Es pues una triste realidad, no crees José María? Un saludo amigo y gracias por hacernos recordar. | #999 |
| José Mª Dabrio | PAISAJES ANIMADOS; EL ALTOZANO Apr 19 2010 14:09:46 El Lagar, ¡oh aquel lagar!, sitio de esparcimiento de varias generaciones, situado precisamente en el Altozano. También esta placita palmerina es como otro "lagar" en el que podemos estrujar nuestras vidas infantiles y juveniles y sacarles todo el zumo posible. Ese es mi propósito: sacarle jugo a nestras vidas por medio de lugares emblemáticos de nuestro pueblo, esos sitios que nos hablan, ¡tan sileciosamente! Un abrazo, amiga Nila | #1003 |
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