Domingo, 05 Febrero, 2012
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El periódico digital de La Palma del Condado

La Palma del Condado

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Las anécdotas, para los que peinamos algunas o muchas canas, son como la sal, constituyen en sí mismas la salazón adecuada, la conservación útil de vidas y quehaceres prolongados en el tiempo, plenos de sabia esperanza. Es por ello que dialogar con mi docto amigo y paisano El Tina colma el ansia de conocimientos de cualquier interlocutor, gracias a la enjundiosa información que él otorga, adobada de clásico empirismo. Posiblemente un día no muy lejano me decida, con su autorización, a contar lo que piensa El Tina sobre ciertos acontecimientos pasados y recientes de este país, de los cuales, “el filósofo de los campos condales”, conserva una sorprendente “memoria histórica”, por cierto, bastante diferente de la que nos quieren imponer.

 

Cada uno tenemos nuestro anecdotario personal basado en amistades, vivencias y, muy particularmente, en nuestra propia profesión. Recuerdo que allá por el curso 1968/69, la friolera ya de más de cuarenta años, me encontraba destinado en Bollullos regentando una aula aislada situada en los populosos “ Caños”. Debo aclarar que los tiempos no daban para más, es decir, que el local dejaba mucho que desear. Era invierno, “monotonía de lluvia tras los cristales”. Los niños trabajaban tranquilos envueltos en un “perfumado ambiente” proveniente del lóbrego “cuartito” interior utilizado a manera de WC, pero sin agua corriente ni nada por el estilo. Un alumno acababa de hacer su inaplazable necesidad y, precisamente en aquel momento, apareció el inspector inesperadamente. Era éste un auténtico señor, un superior “comme il faut”. Nada más entrar, me obsequió con dos preguntas: “¿a qué huele aquí?”, y “¿dónde salen los niños al recreo?”. A la primera contesté con la acción: “Venga, por favor”, y allá fue el bueno del inspector, quien tuvo la ocasión de observar la impresionante, olorosa y aún humeante “tostada”.  A la segunda respondí: “Imposible el recreo, no hay patio ni nada semejante”. Años atrás, aquel entrañable profesional me comentaba: “Fue una de mis inspecciones más impactantes”. ¡Ah!, mi admirado amigo y poeta, José Mª E. Calero, sabedor del incidente, escribió un fantástico soneto cuyo título cualquiera puede imaginarse. Se llamaba aquel colegio “Agrupación Escolar Virgen Niña” y de él conservo un gratísimo recuerdo, tanto de mis compañeros, como de la amabilidad y simpatía de nuestros vecinos los bollulleros.

 

Dos cursos después fui destinado, también en Bollullos, al Colegio “Reyes Católicos”, bastante más moderno y mejor dotado que el anterior, en el que permanecí dos años deliciosos por muchísimas razones. Ejercía en la clase contigua a la mía un joven maestro madrileño nada habituado al habla andaluza cual puede suponerse, y más en aquellos tiempos en que la aldea era menos global que actualmente. Cierta tarde el compañero capitalino entró en mi aula acompañado de un alumno de unos nueve o diez años. Seguidamente me espetó algo angustiado: “Haz el favor de traducirme el lenguaje de este chico”. “A ver, fulanito -intervine-, repite lo que acabas de decir”. Bastante confuso el niño encadenó la siguiente frase, que intento transcribir fonéticamente: “Haga ugte er favó ejame i a oriná” –aspírese la h y suavícese todo lo posible la j castellana- . Estaba claro que el habla de la Campiña onubense era absolutamente extraña para aquel refinado madrileño. “Pues dice el chico –traduje-, que lo dejes ir a orinar, vamos que se está meando el pobre”. La traducción simultánea aflojó la tensión del profesor, al tiempo que el alumno salía pitando autorizado rápidamente a aliviarse.

 

En el Alto Andévalo permanecí sólo un curso – 69//70-, concretamente en Santa Bárbara de Casa. Los recuerdos se me agolpan, todos agradables: mi patrona, “señá Mariquita”,  que me trataba a cuerpo de rey; D. Miguel, el cura párroco, cojitranco y bonachón quien, casi a diario, me esperaba al salir del colegio para tomarnos juntos un “tintito”; mi amigo y compañero Francisco, hinojero él, D. Francisco, como era conocido por todo el pueblo cuando aún se conservaba una buena dosis de respeto; el médico, D. Juan, excelente profesional; el Alcalde, veterinario a su vez…; y, principalmente, como es natural, a las niñas, ¡caramba!, ¡qué guapas eran todas!, María, Luci, Isabel, Barbarita, ¡ay, Barbarita!; y los bailes, aquellos bailes en los “casinos”, el de Pinturillas, el de el Cano… ¿Anécdotas…?, muchas. Vamos con una que recuerda algo a la del inspector en Bollullos, aunque en esta ocasión fue protagonizada por un servidor. Mediados de septiembre de 1969, todavía no habían empezado las clases porque el Colegio estaba recién construido y eran necesarios varios requisitos previos a su apertura e inauguración –el contratista fue nuestro paisano José Pérez Flores, con él y su familia tuve ocasión de convivir allí durante todo el curso-. Sin tener nada mejor que hacer, recién llegado, acordándome de la proximidad de “feria palma” y maquinando cómo podría disfrutar de ella, paseaba por los accidentados alrededores del pueblo –campo ya-, comparándolos con la monótona y peluda llanura palmerina. En esas estaba cuando, de improviso, sentí un fuerte dolor de tripas, movimientos de las mismas y unas horribles ganas de ya saben qué. Imposible esperar, soledad absoluta, aislamiento total, así que, ¡adelante!, busqué un lugar apropiado cerca del camino e inicié la faena. Pero, ¡oh contratiempo!, en medio del aislamiento oí unos cascos de caballo y vi la cabeza de un jinete que se acercaba paulatinamente. No pude hacer nada. El hombre llegó a mi vera e, impasible, mirando de reojo, exclamó: ¡buenas!, a lo que yo respondí: ¡buenas!

 

¡Y tan buenas!

 

 

JOSÉ Mª DABRIO PÉREZ

 

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ANECDOTARIOS
Jan 26 2010 11:06:58
** Este tema discute el artículo: ANECDOTARIOS **

Muy buenas anecdotas, ¡si Señor!, me he reido un ratito....
Los buenos maestros tienen muchas experiencias de la docencia muy valiosas para compartir.
Esperamos más de ti, José María.

P.D: Artículos como estos son dignos de leer y escribir y no seguirle el juego a asuntos adsurdos......
#683
José Mª Dabrio Pérez
ANECDOTARIOS
Jan 28 2010 08:14:27
Amiga Nila: Te agradezco tu interés. Las anécdotas, efectivamente, constituyen la sal de buena parte de nuestras vidas. Por mi parte, en estas colaboraciones, procuro diversificar la temática.
#687
Re: ANECDOTARIOS
Jan 28 2010 10:34:42
No me resisto a la tentación de referir algo parecido a lo que cuenta mi buen amigo y compañero José María, pues hemos pelado guardias en garitas de cuarteles parecidos y hasta próximos. El género escatológico, ahí está Sancho con don Quijote en los batanes, o las gracias y desgracias del ojo del c… de Quevedo, casi siempre tiene éxito en risas y sonrisas.

No me ocurrió a mí, sino que se la escuché con gracia a Pepe Caracena, aquel maestro ‘caballa’, de la misma Ceuta que reclama el sultanito del Sur, a quien la gente de cierta edad recordamos con simpatía. Tenía Pepe su escuela en el Siurot, cuando había sesión de mañana y tarde. Llegar a las tres, empezando la digestión, no dejaba de ser una aventura a veces por diferentes motivos, yo me entiendo. Y el asunto empezó al poco rato de comenzar una tarea rutinaria en que los chiquillos –niñas no- estaban calladitos en sus pupitres, cada uno enfrascado en lo suyo. De vez en cuando, entre el olor a lápices mascados o goma de borrar usada hasta raspar el papel, ascendía y se repartía por toda el aula un tufillo, fácilmente identificable con el tránsito intestinal de un buen plato de chícharos.

Un chaval se levanta, se acerca a la mesa y prudentemente dice:
- Don Ozé, ¿pueo í ar vate?
Pepe, con su ya no corta experiencia, imagina al mocito dándose un garbeo por el pasillo, bebiendo al grifo y liberándose por unos minutos de la somnolencia monótona de la clase.
- Pero si hemos entrado hace solo un ratito. Anda siéntate y sigue con las cuentas.

Pocos minutos después, el mismo chiquillo, la carita descompuesta, se levanta muy ligero y sin decirle nada a Pepe cruza la puerta y se oye su carrera por el pasillo. Este se asoma con tiempo de verlo desaparecer por la esquina que lleva a los lavabos.

A los pocos minutos, transformada la cara por un gesto de alivio y remetiéndose aún los pañales de la camisa por el pantalón, nuestro amigo se acerca ahora ya falsamente compungido a la mesa del maestro y dice en voz baja:

- Perdonuzté, don Ozé. É que m’eztaba jiñando vivito.
#688
José Mª Dabrio Pérez
ANECDOTARIOS
Jan 29 2010 07:21:33
Amigo Pedro: Me he reído con la anécdota, tan profesional ella, que refiers de nuestro compañero, y también amigo, que lo fue, Pepe Caracena. Hemos andado mucho por esos pasillos escolares, por esas aulas bulliciosas...Por eso no está mal el echar mano del abundante anecdotario que, sin duda, poseemos los que hemos respirado el polvo de las tizas y nos hemos esforzado por educar, enseñar, instruir, o como ahora se le llame; con mayor o menor acierto, pero siempre procurando ponernos a la altura de los chiquillos. Recibe un cordial abrazo de tu amigo, José Mª
#691
Alfil
Re: ANECDOTARIOS
Feb 02 2010 14:12:44
Queridos Pedro y José Mª, me habéis quitado un gran peso de encima y aclarado una cuestión que me ha preocupado durante gran parte de mi vida ¿dónde y por qué surge y se incorpora a nuestros belenes la figura del hombre en cuclillas,haciendo lo que Vds.referís y con su papel en la mano?

Pues está claro,en Santa Bárbara de Casas y en el otro sitio dónde fué sorprendido el Maestro Caracena.

El buen hombre que vió lo que vió,lo plasmó en una figurilla tosca de barro, y lo incorporó a su Nacimiento.

He ahí el resultado de tener la mala suerte de sufrir un retortijón de tripas,fuera de la casa de uno.

Espero que os sirva para esbozar una sonrisa.Un abrazo.
#709
Re: ANECDOTARIOS
Feb 03 2010 08:06:44
En los últimos años sesenta apuré un par de cursos en el Andévalo huelvano, un trozo de estepa castellana trasplantado al extremo oeste andaluz . En uno de esos pueblos, el raquítico colegio estaba en uno de los extremos habitados, en lo alto de un cerro. He dicho raquítico porque era una triste nave con cuatro aulas mal dotadas, junto a los restos de un antiguo molino de viento. En el pueblo quedaban varios de aquellos molinos, todos en desuso. No había ningún tipo de cerramiento del recinto escolar, si es que se le pudiera llamar así, no había patio de recreo, salvo una pequeña explanada, precisamente en el alrededor del molino. Muchas veces era preferible hacer la pequeña pausa del recreo dentro de clase, sin calefacción por supuesto salvo un brasero que en un cubo me traían por la mañana con los restos de la candela de la panadería. No me importa decir que no se ponía bajo mi mesa, sino que –no sin cierto peligro- lo colocaba en el centro de la clase. Tiemposss.

Una mañana había salido el sol y como un servidor era joven y aún no tenía claro el concepto de sensación térmica –temperatura + viento- por lo que saqué a la tropa menuda a que tomaran el piscolabis del recreo, el que lo trajera, fuera del aula. Lucía el sol, ya lo he dicho, pero corría un brís que helaba el moquillo. Algunos chavales no iban sobrados de ropa, porque no tenían. Se me acercó uno, casi temblando como un perrillo chico y me dice, ‘Don Pedro, qué frío más grande tengo’. Le aconsejé que se pusiera pegadito al molino, al resguardo donde no le diera el viento y al rato me viene y me dice: ‘Don Pedro, el viento es reondo. L’he dao la vuelta a tó el molino y en todas partes me sigue dando el viento’. Criatura. Así que tomé la decisión de volver al aula, desapacible, pero templada al menos con el propio calor humano que desprendíamos entre todos.
#712
José Mª Dabrio Pérez
ANECDOTARIOS
Feb 03 2010 11:15:39
Queridos Alfil y Pedro Giraldo: Me agrada que este oloroso anecdotario produzca comentarios tan divertidos. ¿Cómo se llaman los muñequitos esos a los que hace referencia alfil?, ¿caganuts? Hombre, en algo creo que se habrán inspirado sus creadores, no muy alejado de la circunstancia por la que pasé en aquel descampado santabarbero. Desde luego, Pedro, la frase de tu alumno fue genial. Te animo a que sigas narrando peripecias de ese tipo con tu estilo ameno y fluido. Recibid un abrazo JMDP
#713
Re: ANECDOTARIOS
Feb 04 2010 08:43:54
En mi otro oficio tampoco suelen faltar las anécdotas y hasta hay un simpático libro ‘Diga treinta y tres’ del Dr. I. de Arana, que recomiendo. Os contaré una de in illo tempore, cuando en el uniforme sanitario de las guardias eran de rigor los zuecos de suela de madera, que se decía que eran muy descansados, aunque yo nunca los encontré cómodos, paké nos vamos a engañar. Todo el mundo los usaba.

Una noche, sobre las diez, después de un día kañero en Urgencias, y con la perspectiva de una nochecita movida, bajé al comedor de médicos, donde por cierto había un cocinero que hacía maravillas. Como desde el destete, mis digestiones nocturnas son nada más que regular, yo tomé mi bandeja con un caldito, quiero recordar que algo de pescado al horno, eso sí, con su poquito de menestra de guarnición y no sé qué de postre.

Cansado, con los reflejos mermados y caminando como un pato con los puñet… zuecos, o bien pisé algo que resbalaba o simplemente no apoyé correctamente aquellas infames maderas, lo cierto es que, con las dos manos sujetando la bandeja, patiné de espaldas y me di un culazo del quince. Naturalmente el contenido de la bandeja me lo eché por encima, recordando en especial el caldo, bien gordito por cierto, y la menestra, de la que algún pinganillo se me metió hasta por dentro de las gafas. Haciendo de tripas corazón, me uní al coro de risas acompañante, defecándome en irritada diarrea mental por dentro sobre los antepasados difuntos de todos y cada uno de los presentes.
Naturalmente, el tiempo de la cena que nunca existió, lo dediqué a ducharme, ir a lencería por una muda completa limpia y a soltar por lo bajini imprecaciones contra todo el sistema hospitalario mundial.

Ni que decir tiene que abandoné por completo el uso de los p… zuecos y me compré, lo que no fue fácil pues ocurrió en invierno unos cómodos mocasines de piel, blancos.
#717
José Mª Dabrio Pérez
ANECDOTARIOS
Feb 06 2010 08:14:17
Pues ahí va otra, muy conocida aunque no menos cierta, a caballo entre ambas profesiones. Los protagonistas de la misma fueron dos señores de La Palma, y digo lo de señores en la mayor amplitud de la palabra. Uno fue maestro tuyo y mío y el otro su hermano. Resulta que D. Antonio fue al otorrino acompañado por su hermano D. Manuel. En pleno reconocimiento de su garganta el médico dijo: "A ver, diga Vd. a, a, a...."; D. Manuel, con la gracia que siempre le caracterizó, argumentó: "Pregúntele algo más difícil que es mestro de escuela..."
Y ahí quedó todo. Un abrazo
#725

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